Archivo mensual: marzo 2011

Que la multa la pague dios

Seguramente si hubiese sabido que ese lunes llegaría de mar del plata las 4 de la mañana, no hubiese sacado turno en el controlador de faltas e infracciones.
Pero las cartas ya estaban jugadas, había terminado mi día laboral, que por cierto tuve que hacer un gran esfuerzo para mantenerme despierto, y debía cumplir con mi deber de ciudadano. En realidad ningún deber de ciudadano, eso es lo que nos quieren creer.
Antes que nada sepan que no estoy de acuerdo con el máximo de 100km /hs en las autopistas. Las autopistas están preparadas para que gente coherente y un poco sentido común al menos puedan usar carriles con velocidades de 130km/hs. Pero es es asi, nosotros siempre con ideas progresistas y a largo plazo.
El lugar es tal cual te lo imaginas; mujeres obesas sentidas frente a sus computadoras dando turnos, “trabajadores” que pasean en bermudas por lo pasillos (todo trabajo que se pueda ir en bermuda, es poco serio), hombres que al verlos caminar nos damos cuenta la poca utilidad que pueden darle al sistema pero en fin, ahí estaba yo.

Después de un rato de espera frente a dos muchachas de se encargaban de formar el típico puterio laboral, con el que al menos se aletargaba la espera, pase directo al famoso controlador. Un especie de juez que te puede llegar a salvar de alguna que otra multa.
Mis cargos eran cuatro multas, todas por excesos de velocidad y todas en la autopista.
Luego de que el controlador se sincere conmigo y me diga que es imposible ir en la autopista a menos de 100, que lo que había que hacer era frenar en las camaritas, supe que toda mi defensa basada en un planteo filosófico acerca de la libertad del hombre y de sus acciones era totalmente inútil.
Al menos pude cancelar unas de las multas, ya que me pareció de no tener “códigos” en sacar dos multas por exceso de velocidad con tres minutos de diferencia, y el muchacho lo entendió.
Entre tanto papelerio y explicación de situaciones, observe que la controladora ubicada a mi costado, me sostenía la mirada. Ella era una cuarentona que se podía observar que los años no le habían pasado mucha factura. En un momento se levanta y agarra el legajo donde estaban mis infracciones y en un tono alto y pausado pronuncio mi apellido, “yo a vos te conozco”. Mi cara de sorpresa y su postura, de donde mira nos volvemos a ver, despertó algún que otra “epa” de sus compañeros laborales.
Resulta que la señorita, había sido profesora mia de catequesis en la escuela primaria pero por su actitud y vestimenta supuse que se había alejado un poco del camino del señor. Me lo confirmo aquel comentario que me despertó algunas inquietudes… “ahaaa… pero creciste muy bien”
Juro por dios que a diferencia de la mayoría de veces luego de un comentario picante, te quedas sin ideas, acá la tuve. Tuve la frase para contrarrestar el comentario y era excelente, pero esta vez fue miedo escénico, sus compañeros y sus inquisidoras miradas no me dejaron actuar.
Se que desde que algun lado nuestro Dios se apiado de nosotros y me callo por un instante…
Pero tengo que volver y ahí si tal vez le pueda decir : “ señorita, señorita… “