Cortado por lo sano

La rutina de Francisco no parecía descarrilarse. Su día transcurría con total normalidad. El diariero le comentaba la jornada deportiva del fin de semana, el pescador le exhibía su última adquisición y hasta con los niños de la esquina lo invitaban a una mano al póker.
Hasta que en su camino se cruzo con del misterio el barrio. Así lo llaman a el, aunque a vox populi se sabe que su nombre es Palmiro.
Cansado que el mismo nunca le devolviera un saludo, Francisco opto por un plan que había podido desarrollar en sus incontables horas en la mesa de café.
Un choque casual fue el motivo para que el sorprendido Espinosa se alarmase al tener enfrente suyo a un individuo de casi un metro ochenta del altura y unos noventa kilos. Con un gesto pidiendo disculpas y una mirada escurridiza Palmiro intentaba huir. Pero no le iba a resultar tan fácil. Francisco estaba listo retenerlo todo el tiempo que fuese necesario.
Con un tono socarrón Pancho no tuve mejor idea de tratar de romper el hielo comentado que si se apuraba tanto, su pata de palo podría quebrarse. La mirada de Palmiro dejo de ser escurridiza para convertirse en desafiante. Rápidamente el gordo, (como también lo llamaban los amigos a Francisco) advirtió un: “no se me enoje Palmiro querido”. Déjeme invitarlo a café para remedir el mal momento. El tal Espinosa dudaba demasiado, pero si dudas con el gordo, perdes. Con un brazo en su hombro como tal lo hubiese hecho un amigo de toda la vida, pancho le marcaba el camino hacia el bar de la esquina.

El gallego atónito atendió a su habitual cliente sumado a su misterioso acompañante. Un cortado en jarrito como solía pedir el gordo, y para seguir sorprendiendo a la gente presente, Palmiro solo hizo el gesto universal del café.
La boca de Francisco disparaba tal metralleta alemana en segunda guerra mundial, pero muy a su pesar solo recibía afirmaciones o negaciones con movimientos de la testa.

Su alrededor comenzaba a inquietarse al ver que su mejor exponente de la charla contemporánea no podía sacarle palabra alguna al señor Espinosa.
Y pancho sintió la presión. Ya sus palabras no tenían su característico tono jocoso ni distendido. Cansado de dar vueltas con preguntas sin demasiado relieve, Francisco tartamudeando un poco y bajando la mirada, lanzo su mejor golpe: ” Don Palmiro, disculpe mi atrevimiento pero siempre me pregunte… ¿A que se debe esa cicatriz que atraviesa su cara?”

Palmiro tomo una servilleta y arrebato la lapicera de una mesa aledaña. Descifrando una letra digna de un estudiante primario, se pudo leer en su escrito:
Disculpe señor, también me cortaron la lengua.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s