Archivo diario: mayo 14, 2010

Porteandose mal

Era viernes y al parecer como todos lo demás. Bañado y cambiado me disponía a salir de mi casa, con el detalle de sacar la basura a su cuartito correspondiente de mi piso. No me gusta acumular basura en casa, asíque ni bien la bolsa llegue a la mitad la basura la llevo al bien llamado “cuarto de la basura”.
Volviendo al tema, cuando salgo de mi casa noto que en la puerta del cuartito de la basura, había tres bolsas. Claro eran pasadas las 21hs, eso significaba que el cuartito iba a estar cerrado hasta el sábado quien sabe a que hora. Nunca entendí la lógica, de porque el cuarto de la basura tiene horarios, pero no me pareció momento de hacer un ensayo filosófico.
Siempre que me había sucedido que la puerta este cerrada, iba a dejar la basura en mi casa. No me gustaba mucho la idea de que la basura quedara en el pasillo del piso.
Pero esta vez fue diferente. Tal vez porque por la impunidad que me dio que haya tres basuras en la puerta del cuartito (no era la primera vez que lo dejaban mis vecinos) o tal vez porque estaba un poco apurado y no quería repetir el proceso de abrir y cerrar la puerta de mi casa. Y así fue, deje mi pequeña basura pero no menos importante junto a las otras tres.
Al día siguiente de regreso, cuando el día empezaba asomarse, todo estaba como lo había dejado a la noche. Las 4 basuras junto al cuartito.

Ya en la tarde del sábado, nuevamente se me dio por salir de mi casa. Abro la puerta de mi casa y lo que me primero me causo sorpresa, después lo pensé un poco y me causo indignación. Las 4 bolsas de basura en la puerta de mi casa.
Totalmente ofuscado se me vino a la cabeza el primer sospechoso. El portero. El portero es un tipo que nunca me termino de convencer. Aunque trate de dibujarla, siempre Tengo la sensación que se trata de un mismísimo “chanta”. Además de todo esto sumémosle el agravante de que hace una semana le había dicho que necesitaba arreglar la canilla de mi casa y nunca había aparecido.
Bajo los dos pisos de mi casa y toco el timbre que dice portería. Una vez, dos veces, tres veces. Al parecer no estaba. Pero mi cabeza seguía trabajando y cada vez estaba mas indignado. ¡Como me van a poner la basura en la puerta de mi casa! ¡Es una falta de respeto!.Yo casi que descarto a mis tres vecinos de piso, ya que los a tres los conozco y me resultan incapaces de hacer eso, pero por si acaso se me ocurrió una idea. Volvía a mí casa, tome un papel, una lapicera y me largue a escribir:
“A la persona que puso la basura en la puerta de mi casa:
Sos un irrespetuoso. Nunca deje una basura en la puerta y si así fuera tampoco es motivo para semejante falta de respeto”
firmando con mi nombre, mi piso y mi timbre.

Me fui de mi casa, seguí con mi vida y trate de hacer como si nada de esto hubiera pasado. Pero yo no me olvidaba de semejante injusticia. Volví a mi casa y volví a tocar el timbre del portero. Esta vez con mejor suerte. Con un tono bastante recriminador me dirijo al portero consultándole por lo ocurrido y con una voz que me dejo muchas dudas, me afirmaba que en la mañana ya lo había visto así, a lo que el había pensado que yo había dejado la basura en la puerta de mi casa. No le creí. Pero no podía hacer nada, me lo estaba negando. Eran mis sospechas contra su palabra.
Vuelvo a mi piso y me encuentro con un vecino (al parecer era el dueño de las 3 basuras) y le comento lo sucedido, se sorprende y me dice que no podía ser nadie del piso, que debió ser alguien de otro piso.
Ahora mi pregunta es… ¿Quien podría dejarme cuatro basuras en la puerta de mi casa Cuando mi relación con la gente de otro piso es nula? Nadie.

Pasaron las horas y el sábado se hizo largo. Pasadas las seis de la mañana empezaba mi descanso. ¡Que lindo dormir de seguido todo un domingo!
Pero hubo un detalle. 8.23hs, me tocan el timbre. Al primero no respondo. Al segundo tampoco y al tercero me digo a levantarme y preguntar por el portero eléctrico quien era.
“Hola, soy Juan José (el portero) te molesto, porque estoy con la gente de Edenor y estamos necesitando que saques el auto de la puerta, porque tienen que arreglar…”

Con mi mayor cara de sueño y de orto juntas, bajo a mover el auto y ahí estaba el. Con una sonrisa picara y cómplice me dice:
“¿Que cagada madrugar un domingo no?”