Archivo mensual: mayo 2010

Maradona es mas grande…

Las últimas vacaciones fueron diferentes. Con Angel, el Cata y Maxi decidimos por primera vez salir del país y nos fuimos a brasil, mas exactamente a el morro.
El morro es una isla a unos kilómetros del continente, donde no hay autos, donde las frutas abundan y las aguas son transparentes. Los negros parecen hacer una rutina diaria de gimnasio, pero lo sorprendente es que no hay gimnasios. Las negras desfilan un sin fin de caderas directamente formadas para el sexo.
Así era el morro, por momentos me imaginaba que estábamos un lugar alejado de la sociedad, donde no se tenia contacto con el capitalismo y toda la mierda que nos rodea, como la película “ la playa”, bueno pero acá había un poco menos de marihuana.
Los días eran perfectos y las noches delirantes. Tanto como aquella primera noche.

La noche empezó a ponerse extraña, cuando luego de una caminata interminable con subidas y bajabas, llegamos al boliche. En la entrada logramos escuchar a un grupito de brasileros al grito de: “don Aldo”, “don Aldo”, enseguida nos emocionamos al darnos cuenta que dicho grito iba dirigido a nuestro amigo cata, por su parecido al famoso goleador brasilero.

La noche transcurría con algún rebote International, alguna avivada criolla, o alguna conversación nacionalista de aquellas que surgen cuando las caipiriñas empiezan a hacer efecto y la hermandad latinoamericana no se hace tan notoria.

Pero lo lindo empezó a pasar a eso de las seis de la mañana. No recuerdo si el ritmo de la música era marcha o candombada, lo que si recuerdo es a aquellos morochos pensándose los dueños de la noche, los dueños del movimiento, los dueños de su país.

La ronda empezaba a formarse. Y como en toda ronda, siempre alguien se dirige al medio para destacarse con algún paso. Y fue el. Un morocho de alrededor 1.70 cm, con ropa que le quedaba grande y algunas cadenas colgando. Con un paso bastante bueno, pero a simple vista uno se daba cuenta que era menos de lo que podía dar, la gente le festejo su movimiento, acto seguido chocaba las palmas con sus amigos brasileros, al mejor estilo ingreso jugador de la NBA.
Pero la cosa no podía quedar ahí. Ángel y Maxi, me miraron. Sabían que yo tenia algo guardado. Un paso que no dejaba de tirar en ningún evento desde aproximadamente los 17 años de edad, que debe ser el año que lo aprendí, aunque no por ello menos efectivo. Ellos lo pedían y sentí que toda la gente no brasilera presente también lo hacia.

Mi paso fue un éxito. Creo que los mas sorprendidos, fueron los norteamericanos, que nunca habían visto un paso de murga. Ahí estaban todos festejándome la pirueta, dándome como ganador de la contienda con sus aplausos. Pero a el no le causo gracia. El brasilero transpiraba bronca y empujando a sus amigos volvió a la ronda.
Lo que hizo ese muchacho, me es difícil hasta de contarlo, imaginen lo que fue hacerlo. Una especie de vuelta en aire, con un giro 180 grados para caer parado .Imposible.
Al instante hizo un gesto que al principio me pareció gracioso, pero algunas horas después me di cuenta que en realidad se trataba de una declaración de guerra.
Aun sin notar este detalle, me sentí perdido. Si bien los que estaban en el recinto debían ser 15 personas, me sentí observado por millones.
Sus miradas se dirigían a mi. Un simple argentino, que se pensaba que bailaba bien.
Pero sus ojos transmitían esperanza, piedad y fe. No podía fallar.
Ángel, me decía algo que no lograba comprender, Maxi me alentaba fervorosamente y el cata… bueno el cata se estaba chamuyando a una mina, pero también quería que me luciera.
Ahí fui yo. Con más miedo que ganas. Una vuelta carnero totalmente desdibujada, que de casualidad no termine en el piso, pero logre mantenerme en pie, para levantar la frente, para levantar las manos.
Con poca lógica, pero con muchísima pasión la ronda se abalanzo hacia a mi, con yanquis emocionadas, españoles eufóricos y con algunos argentinos que empezaba a cantar:

“ Brasilero, Brasilero…. Que amargado se te ve…
Maradona es mas Grande, es mas Grande que Pele….”

Porteandose mal

Era viernes y al parecer como todos lo demás. Bañado y cambiado me disponía a salir de mi casa, con el detalle de sacar la basura a su cuartito correspondiente de mi piso. No me gusta acumular basura en casa, asíque ni bien la bolsa llegue a la mitad la basura la llevo al bien llamado “cuarto de la basura”.
Volviendo al tema, cuando salgo de mi casa noto que en la puerta del cuartito de la basura, había tres bolsas. Claro eran pasadas las 21hs, eso significaba que el cuartito iba a estar cerrado hasta el sábado quien sabe a que hora. Nunca entendí la lógica, de porque el cuarto de la basura tiene horarios, pero no me pareció momento de hacer un ensayo filosófico.
Siempre que me había sucedido que la puerta este cerrada, iba a dejar la basura en mi casa. No me gustaba mucho la idea de que la basura quedara en el pasillo del piso.
Pero esta vez fue diferente. Tal vez porque por la impunidad que me dio que haya tres basuras en la puerta del cuartito (no era la primera vez que lo dejaban mis vecinos) o tal vez porque estaba un poco apurado y no quería repetir el proceso de abrir y cerrar la puerta de mi casa. Y así fue, deje mi pequeña basura pero no menos importante junto a las otras tres.
Al día siguiente de regreso, cuando el día empezaba asomarse, todo estaba como lo había dejado a la noche. Las 4 basuras junto al cuartito.

Ya en la tarde del sábado, nuevamente se me dio por salir de mi casa. Abro la puerta de mi casa y lo que me primero me causo sorpresa, después lo pensé un poco y me causo indignación. Las 4 bolsas de basura en la puerta de mi casa.
Totalmente ofuscado se me vino a la cabeza el primer sospechoso. El portero. El portero es un tipo que nunca me termino de convencer. Aunque trate de dibujarla, siempre Tengo la sensación que se trata de un mismísimo “chanta”. Además de todo esto sumémosle el agravante de que hace una semana le había dicho que necesitaba arreglar la canilla de mi casa y nunca había aparecido.
Bajo los dos pisos de mi casa y toco el timbre que dice portería. Una vez, dos veces, tres veces. Al parecer no estaba. Pero mi cabeza seguía trabajando y cada vez estaba mas indignado. ¡Como me van a poner la basura en la puerta de mi casa! ¡Es una falta de respeto!.Yo casi que descarto a mis tres vecinos de piso, ya que los a tres los conozco y me resultan incapaces de hacer eso, pero por si acaso se me ocurrió una idea. Volvía a mí casa, tome un papel, una lapicera y me largue a escribir:
“A la persona que puso la basura en la puerta de mi casa:
Sos un irrespetuoso. Nunca deje una basura en la puerta y si así fuera tampoco es motivo para semejante falta de respeto”
firmando con mi nombre, mi piso y mi timbre.

Me fui de mi casa, seguí con mi vida y trate de hacer como si nada de esto hubiera pasado. Pero yo no me olvidaba de semejante injusticia. Volví a mi casa y volví a tocar el timbre del portero. Esta vez con mejor suerte. Con un tono bastante recriminador me dirijo al portero consultándole por lo ocurrido y con una voz que me dejo muchas dudas, me afirmaba que en la mañana ya lo había visto así, a lo que el había pensado que yo había dejado la basura en la puerta de mi casa. No le creí. Pero no podía hacer nada, me lo estaba negando. Eran mis sospechas contra su palabra.
Vuelvo a mi piso y me encuentro con un vecino (al parecer era el dueño de las 3 basuras) y le comento lo sucedido, se sorprende y me dice que no podía ser nadie del piso, que debió ser alguien de otro piso.
Ahora mi pregunta es… ¿Quien podría dejarme cuatro basuras en la puerta de mi casa Cuando mi relación con la gente de otro piso es nula? Nadie.

Pasaron las horas y el sábado se hizo largo. Pasadas las seis de la mañana empezaba mi descanso. ¡Que lindo dormir de seguido todo un domingo!
Pero hubo un detalle. 8.23hs, me tocan el timbre. Al primero no respondo. Al segundo tampoco y al tercero me digo a levantarme y preguntar por el portero eléctrico quien era.
“Hola, soy Juan José (el portero) te molesto, porque estoy con la gente de Edenor y estamos necesitando que saques el auto de la puerta, porque tienen que arreglar…”

Con mi mayor cara de sueño y de orto juntas, bajo a mover el auto y ahí estaba el. Con una sonrisa picara y cómplice me dice:
“¿Que cagada madrugar un domingo no?”

Im-sueño

Vueltas en la cama. Almohadas cambiando de posición. Frazadas que van y que vienen.
Un sueño que deja de pertenecerme.
Ojos a medio abrir, la boca un tanto reseca y pelos dirigidos a varios lugares simultáneamente.
El sol se colaba de a suspiros por la ventana. Las horas de sueño no son las normales. No son las comunes. No son las mías.

Algunos tragos de la noche anterior, pueden ser la respuesta. A decir verdad hay pocas posibilidades que sea la causa. Durante 10 años los tragos forman parte de mi vida y mis horas de sueño eran uniformes.
Estrés.¿ Un fin de semana? Donde mi única preocupación fue que la canilla de la cocina goteaba. Descartado.
Hay otras posibilidades. Trastornos de ansiedad, trastorno de estrés postraumático, depresión, reflujo gastroesofagico o hasta algún síndrome de piernas inquietas.

Rebobinemos. “El sol se colaba de a suspiros por la ventana”. Alguien me dejo la persiana a medio cerrar.
Me levanto. Cierro la persiana. Me acuesto. El sueño vuelve.